
DESCRIPCIÓN
Hay proyectos que empiezan con una moto en el elevador y otros que empiezan con una caja de madera. El de la #BOLT51 fue lo segundo. Juanjo apareció por el taller con una Yamaha Virago 535 desmontada pieza a pieza dentro de un cajón y una idea bajo el brazo: convertir aquella custom chopper en una café racer. Llevaba veinte años parada, así que montamos el rompecabezas, la armamos entera, la pusimos en marcha y solo entonces empezó lo bueno. Juanjo nos dio libertad absoluta: «que os explote la cabeza». No hace falta decirlo dos veces.
Delante escogimos un tren invertido de Yamaha R1 con las botellas anodizadas en negro, discos sobredimensionados y floreados, pinzas Brembo y latiguillos metálicos a medida. Guardabarros mínimo, semimanillares y tijas mecanizadas en CNC aquí mismo. Y en lugar del típico faro LED nos inventamos una careta futurista con dos faros LED pequeños: empezó en cartón, pasó al barro, de la arcilla a la fibra y de la fibra al metal. El depósito original era una lágrima de chopper, así que hicimos uno nuevo, artesanal, partido en dos y con entrada de aire, porque los filtros van justo debajo. Toda la instalación eléctrica es nueva, con sistema Motogadget de arriba abajo.
El subchasis está hecho de una sola pieza de aluminio, un guiño claro a los de Bimota: una escultura que podría estar expuesta en el MoMA. Encima, asiento biplaza en piel de ante, luz trasera LED y portamatrículas artesanal con los intermitentes integrados. El motor se restauró y se potenció, y el escape pasa por debajo del depósito, sigue bajo el asiento, sube y termina en un silencioso de titanio. La guinda es la pintura: como el Aston Martin de Fernando Alonso, mismos colores, mismos RAL, en verde y lima. Todo el trabajo se ha hecho en las instalaciones de Bolt, con nuestra máquina de control numérico y nuestra impresora 3D. La #BOLT51 es el ejemplo de que en Bolt no hay nada imposible: no hay otra igual en el mundo.