
DESCRIPCIÓN
Hay proyectos que llegan en moto y otros que llegan en un cajón de naranjas. La #BOLT59 fue de los segundos. Alfredo, cliente y amigo, tenía la Triumph Bonneville del 78 de su abuelo desmontada, en piezas y sin orden, y no la quería para mirarla: la quería para ir a la universidad con ella todos los días. Fuimos a recogerla a su casa, que también hacemos ese servicio, y nos volvimos al taller con el cajón y un montón de piezas sueltas. Lo primero fue montarla para saber qué moto teníamos entre manos. Y con la petición de Alfredo sobre la mesa tomamos la decisión: original, pero con mejoras. Una moto de museo pensada para gastarse a diario.
La horquilla original se queda, restaurada por completo, igual que las llantas de radios, que son una preciosidad, con frenos nuevos y mejorados. El faro es el original, recuperado, y los puños, originales nuevos y cromados, como todos los cromados de la moto, que se hicieron de cero. El chasis tiene una particularidad bonita: usa la propia estructura como depósito de aceite. Lo restauramos entero y lo pintamos con pintura al polvo y secado al horno. La pintura exterior nos llevó directos a los años dorados de las motos de California: purpurina y lacado en blanco.
El bicilíndrico se restauró por completo: cigüeñal, cojinetes, biela, cilindro, pistones, segmentos, cárteres, caja de cambios y descompresor, un trabajo de los que obligan a medir, comprobar y volver a medir. Escapes artesanales homologados fabricados en Bolt, instalación eléctrica nueva de arriba abajo con encendido electrónico, basculante restaurado y asiento nuevo en piel. La #BOLT59 es el ejemplo de que una moto icónica no tiene que vivir encerrada. Ha sido portada de revista y la ha visto media Europa, pero lo que de verdad nos gusta es saber que Alfredo la arranca cada mañana: la moto de su abuelo, rodando.